jueves 25 de octubre de 2007

Lluvia o Paine

Tras el periplo argentino y despedir a pinza y pincesa, seguimos camino al sur, hemos tenido que cruzar la frontera con Chile para ir a uno de los paraísos del trekking, el Parque Nacional Torres del Paine...viendo el mapa de Sudamérica en la parte de Patagonia te das cuenta de lo caprichosos y absurdos que son los temas fronterizos en general. Lo cierto es que nos gustó encontrarnos en Chile otra vez después de tanto tiempo, ya no recordábamos lo que era que un coche frenase para dejarte cruzar en un paso de cebra.

Pernoctamos un par de días en Puerto Natales, que es la puerta de entrada a Torres del Paine...y poco más. Estuvimos esperando un poco ya que el mal tiempo y la gente que bajaba del Paine no animaban mucho a la aventura...lluvia, viento, frío y nieve. Como no queríamos quedarnos parados mucho tiempo más y el clima en estas latitudes siempre resulta impredecible, decidimos echarle algo de valor y pasar un par de días arriba en el Parque para ver si había suerte.

Y como no podía ser de otra forma, la flor sigue ahí cuando uno la necesita... amaneció claro y pudimos hacer sin lluvia la caminata a la Base Torres, un mirador desde el que puedes observar las tres imponentes torres desde cerca. Para llegar al mirador se necesitan más o menos unas 4 horitas de subida, pero lo peor es la última media hora donde subes por el lecho de una antigua morrena de un glaciar del que sólo quedan unos pocos vestigios...las piedras pulidas por el glaciar, cual culito de bebé, son el escenario perfecto para irte de morros y dejarte los incisivos en un canto rodado. Aquí tenéis algunas fotos de la pateada...fijaos en los peazo cantos rodados!!




Pero el esfuerzo y el riesgo merecen la pena (habría que preguntárselo al que se quede sin dientes) es una vista increíble: tres torres bastante afiladas, donde creo que más de uno se ha matado intentando escalarlas, y en su base una mezcla de nieve y hielo del glaciar que terminan desaguando en una hermosa laguna verde...para tirarse un par de horas contemplando, si no fuera por la rasca que hace allí arriba, claro.

Bajamos la mitad del camino y nos quedamos en un refugio de montaña a pasar la noche...posiblemente una de las noches más caras de todo el viaje hasta ahora (68 Dolares del ala aleve del leve abanico). Se aprovechan muchísimo del cansancio y escasez de competencia que existe dentro del Paine.

Un par de camas es el resumen más fiel de los servicios que incluía el refugio, sin sabanas, sin toallas, sin mantas, vamos el purito colchón pelao...eso sí con almohada...guuuuauuuuuuu. Os imaginaréis el precio de las comidas no? por supuesto cargamos sobre nuestras espaldas la comida suficiente para sobrevivir durante nuestra estancia. Eso sí, el personal fue supermajo, hay que decirlo.

Aunque terminamos con las piernas bastante cansadas, nos encantó el Parque y nos dió pena no realizar el circuito "W" completo. Ese trekking se realiza en 4 días y además del valle de las torres, recorre otros dos valles donde se ven los cuernos (otras montañas) y el glaciar Grey. Realmente, si íbamos de refugio en refugio no entraba en nuestro presupuesto y nos daba la caca pensar en meternos en una tienda y que nos cayese encima un buen montón de nieve.

Como nota culinaria...hemos comido pescado BIIIEEENNN!! merlucita y salmón, rico, rico y necesario después del atracón de carne que llevábamos encima. También hemos retomado con gusto el aperitivo a base de pebre y mantequilla que acompañan al pan en tierras chilenas. Lo que me tiene absolutamente alucinado, y encantado por que no decirlo, es la cantidad industrial de palta (aguacate) que se consume en este país...fuera de Mexico no creo que haya otro consumidor mayor.

Seguimos hacia el sur...poco queda ya de continente, pero nosotros a por todas!!

Besos a todos, y en especial a Mateote que cumple mañana dos añitos. Te quieren. Juan y "Maca"

martes 23 de octubre de 2007

Ruta 40

A partir de aquí comenzó nuestra aventura por la "mítica" ruta 40 a bordo de nuestra Toyota Hylux. Se trata de una carretera mayoritariamente de ripio ("Casquijo que se usa para pavimentar" según la RAE), que atraviesa buena parte de Argentina y de la Patagonia interior de norte a sur, más o menos pegada a los Andes.

Las guías asustan bastante a todo aguerrido automovilista que se atreva con ella: llevar extras de repuestos, gasolina y comida; no abrir las puertas con el viento en la espalda (no sería la primera puerta que sale volando según Avis)... Creemos que no exageran en absoluto, km y km de paisaje estepario sin más vida humana que pequeños pueblos de aspecto bastante desolador. En un tramo hicimos una recta de 50km, no mentimos, 50 km en línea recta, que no sólo ponían a prueba la pericia de Juan, el nuevo Sainz de las llanuras patagónicas, sino también su paciencia (y la del resto).



La primera noche fue en el pueblo de Los Antiguos, en plena cordillera, junto al bonito e inmenso lago Buenos Aires (uno de tantos que vimos esos días). Tan grande era, que su oleaje nos recordó a todos la playa de Patos. Extraño fenómeno para un lago ¿no?. Hicimos sólamente una pequeña parada técnica, para dormir y revisar la camioneta. Aquí vemos a un local en plena faena bajo nuestra atenta e interesada mirada. (El ingeniero del plan del 57 y el del 93 mirando...y la otra fotografiando la jugada).



Volvimos al ripio con determinación, ya estábamos acostumbrados a la ausencia de vida humana, pero aun así nos sorprendió contar unos 300km sin ver a NADIE. Sólamente guanacos, caballos, vacas y ñandúes, que son como las avestruces y corren que se las pelan (por eso en la foto no salió muy favorecido).



Intentamos dormir en una estancia, una de esas casas de campo en medio de esa nada desértica que alojan a los viajeros de la ruta, pero los precios suelen ser elevados, por eso de que "o duermes aquí o duermes ahí fuera al raso". Menos mal que finalmente nos dió tiempo a conducir hasta El Chaltén, con una oferta hotelera más variada. La llegada, al atardecer, fue espectacular como podéis ver.



Este pequeño pueblo se encuentra también al pie de la cordillera, y es famoso por estar a pocos km del cerro Fitz Roy, meca de muchos valientes escaladores. Como os podréis imaginar... no fue nuestro caso. Nos limitamos a recorrer, en el tiempo que teníamos, los montes cercanos. Disfrutamos de unas magníficas vistas de las montañas, lagos y glaciares de la zona que es de una belleza espectacular. Aquí uno se siente un intruso en medio de la naturaleza, que se muestra con una fuerza un tanto desafiante. Fue una auténtica lección de geología práctica. El pico que sobresale entre las montañas, es el Fitz Roy al amanecer, cuando salimos del hostal, y os lo ponemos al lado ampliado para que disfrutéis con la visión de tan singular cerro.



Pusimos a Quique en un pequeño aprieto cuando, intentando llegar al mirador del glaciar Huemul, lo metimos con sus zapatos de paseo por un camino que poco a poco se fue llenando de nieve y hielo. Menos mal que la cosa salió bien, y aunque tuvimos que dar vuelta, volvimos todos enteros y sin magulladuras. Aquí veis a padre e hijo en pleno y sincronizado descenso.

El último tramo de ruta fue bastante pequeño desembocando en el pueblo de El Calafate, punto de partida de las excursiones que visitan los glaciares del lago Argentino. En un barquito, que nos costó su peso en oro, recorrimos el lago. De entrada nos sorprendieron los enormes icebergs que flotaban a lo largo del lago, resultado de recientes desprendimientos en uno de los glaciares.

Los glaciares, aunque al final del día acabas un poco harto de tanto hielo, son un auténtico espectáculo. Enormes lenguas de nieve compactada, de un azul impresionante (fruto de la mayor o menor compactación del hielo), que descienden por las montañas y acaban sobre el lago formando imponentes murallas. El Upsala, el Spegazzini, y como no el Perito Moreno fueron los más impresionantes. De este último lo mejor fue su continuo movimiento (crujidos, desprendimientos) que nos tenía a todos en vilo esperando la caída de algún enorme pedazo. El estruendo que se producía era como un trueno.

Aquí tenemos dos fotos, una es del glaciar Upsala y la otra del Perito Moreno, pero como veréis esa no es la única diferencia. Si, ya tocaba, Juan se ha vuelto a afeitar (ooooooh!!).



Como nota culinaria, y por increíble que parezca a estas alturas, vamos a hablar del bifé. Del bifé de chorizo concretamente, que equivale en españa al entrecot (ya sabéis que aquí los cortes se hacen y llaman diferente). La razón es que fue en un restaurante de El Calafate donde nos tomamos el más sabroso de los bifés (y nos hemos tomado bastantes) de Argentina. Acompañado como siempre de buenos vinos y golosos postres.

Por último despedirnos de Maripi y Quique, que fueron unos excelentes compañeros de viaje y emprendieron ya su vuelta a España desde El Calafate. Creemos que han disfrutado mucho estos días, algo de frío han pasado, pero han soportado la nieve y el polvo del camino con gran estoicismo (Quique a escobazos con su mochila intentando que recuperase el color original) :)

¡Gracias por la visita!

Galeses Perdidos

Después del tango y la metrópolis necesitabamos volver a disfrutar nuevamente de un poco de naturaleza, y para eso pocos sitios mejores que la región de los lagos, muy cerca ya de la Patagonia argentina. Fina, tenemos nuevas fotos de Martiña y para desquitarnos de las perdidas le hemos hecho muchíisimas, también como os podréis imaginar, he tenido que practicar la inclinación correcta y la nueva incidencia de luz para hacernos "nuestra foto" pero con la cámara de Marta (casi le tengo pillado el truquillo).



Para comenzar el viaje volamos hacia San Carlos de Bariloche donde, para recorrer estos preciosos paisajes por el interior y no morir en el intento, hemos alquilado un 4x4 para que nos lleve hasta El Calafate, nuestro destino final. Pillamos una pick-up muy americana pero con un par de detalles muy graciosos que desconocíamos: primero, el maletero no puede ser cerrado con llave, esto nos obligó a estar pendientes del coche si teníamos las maletas dentro, y segundo, al estar el equipaje tapado por una lona, en el traqueteo del viaje se tragaba una cantidad de polvo patagónico difícil de describir...digamos que todas nuestras maletas eran de color tierra. Como podéis observar en la foto sería una pick-up americana pero con un toque ben galego...non?



Desde Bariloche una de las excursiones más bonitas es recorrer la ruta de los siete lagos que une la ciudad con San Martín de los Andes, así que...allá nos fuimos los cuatro aventureros. El día tocó un poco nublado, sin restarle esto encanto al recorrido. Vimos lugares curiosos, como por ejemplo el "Arroyo Partido", un arroyo que se dividía en dos en el lugar donde estábamos, yendo a parar uno de sus "hijos" al Pacífico y el otro al Atlántico. Era fascinante pensar en una gota de agua que llega a ese punto y por escasos milímetros pueda terminar en sitios tan diferentes...muy bucólico.



También vimos unos árboles llamados "arrayanes" que tienen un color canela espectacular, conservan una temperatura interna muy fría y sobre todo destacan por su delgadísima corteza que tiene un tacto sedoso. Para terminar, visitamos lo que para mi fue la estrella del día, el "Valle Encantado" un lugar de cuento al que la luz de final de tarde y la niebla le iban como un guante.



Otro día con mejor tiempo nos centramos en los alrededores de Bariloche en lo que se denomina el "circuito chico". Subimos con un telesilla al cerro Campanario para tener una vista general de los valles y la verdad, es como si te teletransportases a Suiza: montañas nevadas, lagos azules, bosques frondosos y verdes... para quitarle a uno el hipo...sino ya me diréis por vosotros mismos. La foto con el reflejo en el lago está hecha en el lago escondido...hacen bien en esconderlo, menudo lugar!!




Dejamos Bariloche para entrar ya en la parte norte de la Patagonia... concretamente en Trevelin (del Galés, TRE: Pueblo y VELIN: Molino), donde, aunque parezca casi irracional, se encuentra una gran comunidad de galeses que terminaron formando este pueblo y mantienen aún parte de sus costumbres como por ejemplo, el "té gales": De todo, té, scones, pasteles de manzana, mermeladas, quesos, tostadas...un té para cada dos personas es suficiente.

Con base en Trevelin pasamos unos días visitando la zona, uno de los "must" era la visita al Parque Nacional de los Alerces que cuenta con unos ejemplares de este árbol que datan de hace 2600 años!!... es alucinante pensar que ese "abuelo" que véis en la foto lleva ahí desde antes de Cristo, de pie, impertérrito, viendo paciente el tiempo pasar y creciendo un milímetro de diámetro por año. Intentaron derribarlo para aprovechar su madera de gran calidad pero al ser un lugar tan inaccesible desestimaron su tala por no poder luego llevárselo con bueyes y vadeando ríos...gracias a diiio.



Luego tuvimos uno de esos días especiales en los que no esperas ver mucho, el típico día un poco de relleno hasta el siguiente punto planeado...como tantas veces sucede ese día fue para mi el mejor de toda esta serie. Vas sin expectativas, con todos los sentidos alerta desde el principio para observar con más detenimiento cualquier cosa, ya que no tienes que llegar a ningún sitio, sólo disfrutar del momento...toda una enseñanza.

En ese día estuvimos en una comunidad "Mapuche" que vive a orillas del lago Rosario, un lugar idílico si dejamos de lado el viento que reinaba. Nos mostraron sus artesanías y compramos unas cuantas...como tantos otros pueblos indígenas sudamericanos, al perder sus tierras y su entorno, su medio de supervivencia principal dentro de esas "comunidades" o "reservas" es la artesanía que fabrican para el turismo...una pena.



Para finalizar el día conocimos a un auténtico personaje, un ex-franciscano que tras dejar la orden, se casó y con su mujer se fue a una pequeña granja donde fabrican unos ahumados exquisitos...con deciros que a Marta le gustó la trucha ahumada ya tenéis una buena medida. Él no tenía desperdicio, con su visión de la vida y con una cultura que se intuía en cada una de sus frases. Os mostramos su huerto de hierbas aromáticas y el lema de su trabajo que traducido vendría a ser "Al cielo por la vía difícil".



Como nota gastronómica, os vamos a hablar del cordero patagónico...un plato típico de esta zona y que se parece enormemente a la "festa do carneiro ó espeto" de Moraña (¿te acuerdas, Ja?). Esta vez no fuimos a un restaurante ya que el personal del albergue donde estábamos alojados "La Casa Verde" nos ofrecieron acompañarlos en una cena allí mismo, aceptamos y por supuesto fue un gran acierto. Cordero, empanadas, vino, conversación, risas, anécdotas de un ex-puma que también estaba en la cena (al fondo en la foto)...vamos, una hermosa noche. La recomendación del albergue es esta vez imprescindible y apoyada por dos generaciones diferentes. Gracias a Pablo, Charlie y Viviana por su hospitalidad, profesionalidad y el trato familiar.



Desde aquí en breve empieza la RN40 de verdad...pero eso ya es otra historia. Besos a todos y en especial a Juan y Patri, los nuevos Papis...FELICIDADES!!

lunes 15 de octubre de 2007

Tango y Milonga

Siguiendo con la identificación de lugares con sonidos, Buenos Aires es, sin duda, tango. Quizá el hecho de que nos coincidiesen algunos días grises, ayudó a asociar a la propia ciudad esa cadencia melancólica y un tanto triste de bandoneón. Pero sin duda las conversaciones que mantuvimos con porteños (bonaerenses), en su mayoría taxistas o camareros (siempre con un pariente gallego más o menos lejano, y no es broma) nos ayudaron a perfilar la imagen de la sociedad argentina, o al menos de una parte de ella un tanto desgarrada.

Añorando tiempos mejores, heridos en su orgullo (que lo tienen) de nación grande (que lo son) por los malos tiempos que se han visto obligados a pasar. Las cosas parecen haber mejorado desde la crisis del 2001, pero la esperanza (que existe)semeja acotada por una desconfianza absoluta en la capacidad de su clase política de sacar al país adelante.

Hablemos de cosas un poco más terrenales, de la ciudad en sí, que por cierto, como muchos sabéis, hemos visitado en compañía de los padres de Juan, que se han incorporado a esta etapa de nuestro viaje, aterrizando con gran éxito en el "Gran Hotel Goya" de Suipacha, en plena remodelación de mobiliario y prestigio, que actualmente está en horas bajas.

La capital federal es casi tan grande como Madrid, pero está embebida en una provincia (el gran Buenos Aires) que acoge a un tercio de la población total del país, 13 millones de 39. La capital, como todas las grandes ciudades es un conglomerado de barrios tan dispares como cabe imaginar. Barrios con encanto y sabor tradicional, como San Telmo: con sus mercadillos de antigüedades, sus bares abarrotados los fines de semana, la música callejera... y los ladronzuelos que se quedaron nuestra cámara, todo hay que decirlo; o como La Boca, sede de uno de los clubes de fútbol más famosos del mundo y con la calle Caminito como exponente (un poco turístico) de su antigua y colorista arquitectura a base de chapas de barco.



Barrios en pleno resurgir como alguno de los Palermos (un lío, porque existe el Palermo chico, el viejo, el soho, el hollywood...estos dos últimos parece que están de moda); barrios elegantes y caros, plagados de hermosos parques, como la Recoleta, en cuyo cementerio están enterrada Evita. El microcentro, donde estuvimos alojados los cuatro, con los edificios oficiales, y la famosa plaza de mayo donde, como decía Sting, las madres siguen "danzando solas" cada jueves. Y así barrios y más barrios...



La gente, bueno casi todo el mundo conoce a algún argentino, yo creo que son gente superdirecta, que dice lo que piensa sin eufemismos ni buenas palabras, llamando a las cosas por su nombre y con su adornada forma de hablar. Para mi, sentarme en un café, no sólo en Buenos Aires, sino en cualquier otra ciudad de Argentina es como estar en medio de un rodaje de una película de Campanella. Son personas que no te dejan indiferente. A nosotros nos han tratado fenomenal, salvo el que se está haciendo fotos con la cámara de Juan.

Entre sus pasiones está el fútbol, sin duda. Intentamos ir a un partido en La Bombonera para comparar con Maracaná, y de hecho coincidimos con un derby histórico, nada menos que el River-Boca. En la imagen, el paseo de la fama de La Bombonera estilo hollywood. Pero no era en la bombonera sino en La Monumental y las entradas a las que podíamos acceder tenían un valor desorbitado.

El precio real de las entradas no era para tanto, pero la realidad es que o vas a las gradas populares y te juegas el pellejo siendo un derby, o vas a las plateas donde la única forma de conseguir una localidad es a través de las agencias que, como en Río, llevan a los turistas del hotel al estadio y del estadio a casa. Sólo que esta vez, el precio se cuadriplicaba, 100 euros por una entrada!!, un robo hablando de precios argentinos. Así que, aunque fuese una ocasión única, no fuimos.

Ahora, otra pasión que entra con fuerza es el rugby (léase /ragbi/ que ellos lo pronuncian bien), con el tema del mundial están que no mean con los pumas, y en la tele de vez en cuando hay spots que explican las normas del juego, para que los futboleros se enteren de una vez como va esto ahora que han llegado a semifinales del mundial, que lamentáblemente han perdido contra Sudáfrica. Para que veais el furor que causan aquí un ejemplo de la estupenda publicidad argentina:
Soy un puma, soy un puma...

Luego está el tango claro. Existen varios tipos: el que se baila en escenario, un auténtico show y muestra de elasticidad por parte de dos bailarines que entrelazan sus piernas a la velocidad del rayo; y el que baila la gente de la calle en las milongas, que no sólo es el bar donde se baila, sino también un tipo de tango. Hay todo un código de conducta para participar de una milonga, pero todo se basa en un principio tradicional según el cual un hombre saca a bailar a una mujer y todo el mundo se divierte. Aunque en el tango no se demuestra, pues el rictus del baile es extremandamente serio, y, por qué no decirlo, sensual hasta la médula.

Por supuesto Juan y yo hicimos nuestros pinitos y por medio de un amigo (gracias Fabián) contactamos con una profesora que nos enseñó los principios básicos. La experiencia fue del todo satisfactoria, no hubo pisotones ni caídas. La principal dificultad es la comunicación muda entre los dos bailarines, a través del contacto, de un pequeño roce, se le dice al otro cual va a ser el siguiente paso. "El tango es caminar" dijo nuestra profe Pamela (gracias Pamela), y lo difícil para mí es que es el hombre quien, en esa muda conversación, le dice a la mujer cual debe ser su siguiente paso...y eso, qué queréis que os diga, desde mi punto de vista... cuesta... cuesta.

Como no todo va a ser ciudad, un día nos fuimos de excursión fuera de la capital, a una ciudad llamada Tigre que se encuentra en el delta del río Paraná por lo que está formada por un sinfín de canales, a modo de calles y avenidas. La mayoría de las casitas tenían su pequeño muelle de atraque, que en ocasiones era utilizado como sala de estar, o comedor al aire libre como vemos en la foto que acompaña. Un lugar de lo más tranquilo y bucólico. Escapada de fin de semana y refugio soñado de jubilados de diferentes nacionalidades. El único bar que encontramos en la isla por la que paseábamos resultó ser un bar Alemán regentado por esa clase de inmigrantes cuya única integración con la cultura de acogida es geográfica, pues por lo demás parecen seguir viviendo en algún lugar de los Alpes (y cobrando como si estuvieran en los Alpes por cierto).




Como nota culinaria...qué escoger dios mío de la comida argentina: los mil y un cortes de carne (nuestro preferido sigue siendo el bifé de chorizo), las pastas artesanales de herencia italiana, las pizzas tradicionales en las que no importa el número de ingredientes sino el sabor. En la puerta de al lado de nuestro hostel se encontraba la pizzería Las Cuartetas, con mucha solera y prestigio merecido. Nos hinchamos a fugazzetas, una delicia con sólo queso y cebolla a 0,7€ la porción.

Nos vamos al sur, al frio de nuevo...ya os contaremos.

viernes 12 de octubre de 2007

¿Utopía?

Después de presenciar la belleza y fuerza de la naturaleza en estado puro, nos dirigimos a San Ignacio de Miní para conocer las ruinas de las reducciones jesuíticas guaraníes. En mi opinión, fue una de las convivencias más hermosas y fructíferas vividas entre dos culturas tan distintas como la indígena y la occidental-religiosa... Para los menos duchos en el tema les recomiendo la famosa peli "La misión" con Robert de Niro y Jeremy Irons.

Como siempre, no es oro todo lo que reluce, al final no dejó de ser una nueva evangelización, pero al menos hecha con tacto, inteligencia y respeto (dentro de lo posible): Los jesuitas aprendieron la lengua guaraní y hábilmente incorporaron a su escala de mando a los propios jefes de los pueblos indígenas, por su parte los guaraníes también resultaron beneficiados, pues estaban protegidos contra el acoso de los bandeirantes brasileiros (cazadores de esclavos) y de la persecución de la corona española al ser considerados parte de su iglesia.



En su apogeo, se llegaron a formar unas 30 villas autosuficientes que albergaron a más de 80.000 habitantes. Esta población, unida al rigor y eficiencia impuesta en los trabajos por los jesuitas, resultó en una gran acumulación de poder político y económico. Esto irremediablemente desencadenó en 1767 la expulsión de los jesuitas de todos los territorios de la poderosa corona española...ya se sabe, el poder no quiere perder el control de sus dominios...y aquello se le estaba escapando de las manos a Carlos III.



Tras la marcha de los jesuitas comenzó el declive de las reducciones y finalmente fueron abandonadas a su suerte allá por 1830. Del resto se encargó la selva con su avance inexorable. Lo que hoy día se puede visitar en San Ignacio son unas preciosas ruinas de piedra rojiza engullidas (literalmente) por la vegetación de una densa selva, lo que resulta impactante. En las fotos de arriba podéis ver dos ejemplos (lo que veis a la izquierda es el "árbol corazón de piedra": un tronco que ha crecido envolviendo una columna). Al caer la noche se puede visitar el complejo(con la misma entrada), acompañados por un guía y un espectaculo de luz y sonido (con música barroco-guaraní) que merece la pena.




Como anécdota, me gustaría criticar la falta de un criterio homogéneo en las guías de viaje, en este caso, la castigada es la Footprint. Nuestro primer intento de alojamiento orientado por sus recomendaciones nos llevó a lo que se suponía un lugar bohemio, vivienda de un escritor cuyas características principales eran citando textualmente: "A small but delightful pool and a curious bathroom".

Supongo que el escritor debió de disfrutar de algún tipo de estupefaciente previo a su paso por dicha "mansión", lo que nosotros vimos fue: un cuchitril con una pequeña habitación sin baño y camas sacadas del cuento "Ricitos de oro y los tres osos", la piscina era lo que yo llamaría un abrevadero en desuso con todo un microsistema de organismos y ranas y, como traca final, el baño resultó ser una cabañita de madera en medio del jardín donde la higiene es uno de esos lujos de la era moderna que no son "cool"...por supuesto pasamos allí unos 12 minutos hasta que encontramos un lugar donde el baño era menos "curious" pero mucho más limpito.

Un día más tarde dejamos Misiones para continuar nuestro viaje hacia el sur. LLegamos a Rosario que es la tercera ciudad más grande de Argentina y está bañada por el río Paraná. Allí pasamos un par de días un poco pasados por agua.



Aprovechamos nuestra estancia para visitar el cuasi-imperial Monumento a la bandera, erigido allí por ser el lugar donde fue izada por primera vez en 1812 la bandera albiceleste de Argentina. Pateamos por el centro histórico que cuenta con algunos dignos ejemplos de arquitectura colonial y recorrimos los paseos peatonales que bordean el curso del río paraná, aunque encontramos esta zona un poco descuidada, la verdad.


La ciudad también cuenta con la casa natal del "Che Guevara" tan de actualidad ahora por el 40 aniversario de su muerte, es un edifio bastante pijillo en el que "románticamente" ahora se encuentra...una bonita compañía de seguros ¿?¿?!!

Rosario se caracteriza por tener mucha movida cultural, sobre todo los fines de semana, nosotros como estuvimos entre semana nos tuvimos que buscar un poco la vida y finalmente conseguimos ir, la última tarde, a ver la ópera Carmen de Bizet al magnífico Teatro "Círculo". Nos gustó mucho la función, sin duda propiciado por el inmejorable escenario. (No tenemos fotos...solamente llevamos mi cámara...sniff, sniff).

Siguiente destino, Buenos Aires, donde nos espera "laaa famiiigliiiaaaa" (visualizar a Marlon Brando en el Padrino).

PD: Martiña sigue tan guapa como siempre...incluso diría que algo más, tendréis que creerme.

miércoles 10 de octubre de 2007

Aguas Grandes

Nuestra despedida de Brasil fue por todo lo alto, atravesamos la frontera sobre el río Iguaçu, que se convierte en Iguazú al llegar a Argentina, cosas del idioma.
Los guaraníes llamaban a este río Aguas Grandes (I-Guazu), y no es para menos, sobre todo cuando uno se va acercando a las cataratas y empieza a oir ese ligero murmullo que se convierte luego en estruendo ensordecedor.

Ese estruendo acompaña a un paisaje difícil de expresar en palabras: un descomunal volumen de agua descendiendo por varias terrazas y estrellándose en el lecho del río 80 metros más abajo. La nube de vapor que se forma es tal que el fondo se hace completamente invisible.



No puedo más que imaginar lo que debió pasar por la cabeza del primer indio, y posteriormente el primer portugués, que se encontró con semejante espectáculo... ¿miedo? ¿admiración? Supongo que un poco de todo, y es que uno no puede evitar sentirse insignificante a la vez que fascinado ante una demostración tal del poder de la naturaleza.

Las cataratas estaban formadas, al menos en esa época del año (finales de septiembre), por innumerables saltos de mayor o menor tamaño repartidos a lo largo de la enorme garganta (2 km y pico de largo). A ambos lados se encuentran los parques nacionales de cada país: el de Brasil, que ofrece una vista más general y alejada (la foto que está aquí al lado), y el de Argentina, que te permite acercarte un poquito más.

En mi opinión, las mejores vistas están en el lado argentino, si bien corres el riesgo de ser arrollado por una viejecita o recibir un codazo en un ojo mientras intentas sacar fotos de los lugares más característicos. Está un poco masificado. A ratos crees que los únicos animales salvajes que podrás ver son las hordas de turistas que rompen bastante el encanto y espantan a cualquier bicho viviente con su alboroto. En la foto, un grupo de mujeres, empleadas de una empresa de cosméticos que llegamos a odiar, de las que tuvimos que huir porque eran bastante ruidosas.

Pero la verdad es que los grupos de escolares, los viajes de empresa y las excursiones del Inserso se olvidan con facilidad delante del salto más impresionante de todos, el llamado Garganta del Diablo. Podría quedarme horas contemplando el magnífico espectáculo: las aguas de la parte alta del río fluyendo de manera sorprendentemente lenta y desplomándose de repente unos metros más abajo, como a cámara lenta, pero con gran violencia. Me temo que las fotos no le van a hacer justicia y tendréis que ponerle un poco de imaginación.



En algún sitio leí que, antiguamente, para ver de cerca la catarata, alquilabas el barquito de un lugareño que te acercaba desde arriba y te mantenía lo más cerca posible del borde remando contracorriente. Obviamente un día tenía que pasar lo inevitable, y cuando un grupo de turistas, con barca y lugareño incluidos, desaparecieron en el fondo de la cascada, cambiaron el sistema. Hoy unas pasarelas artificiales te permiten caminar sobre algunos de los saltos y acercarte a escasos metros de la Garganta del Diablo. El sustituto del antiguo y arriesgado paseo es una versión light en la que los turistas se pegan una buena mojadura en una motora que se acerca bastante a una de las caídas de agua, pero desde abajo. Ahí véis una foto de la barca desapareciendo bajo la nube de vapor.



Los paseos por entre la selvática vegetación, si bien no muy auténticos, son muy agradables, sobre todo cuando logras despistar a las hordas turísticas y puedes incluso ver algún animal que otro.

En medio del río hay una pequeña islita donde puedes darte un bonito paseo entre lagartos y unos bichos bastante feos, parecidos a los buitres, que no te quitan ojo de encima mientras asciendes sus empinadas escaleras bajo un sofocante calor y una humedad del 101%. Después del paseo y las estupendas vistas te puedes relajar un poco en las "fresquitas" aguas del río, como veis que está haciendo Juan en la foto.




A pesar de que la mayoría de los animales permanecen ocultos a la vista, pudimos disfrutar de preciosas mariposas, pájaros muy variados (nuestro favorito, sin duda, el tucán de increible colorido) y de los simpáticos coatíes, un montón de ellos por todas partes, acercándose al olor de la comida.

Se supone que los coatíes se pueden volver violentos cuando hay comida de por medio (¿a quién me recuerda esto?) y como a cualquier animal salvaje te recuerdan una y otra vez que no los alimentes. Pero siempre hay algún turista desaprensivo al que no se le ocurre pensar que alimentar animales con caramelos o galletas es, no sólo bastante estúpido, sino que es darle una patada a su hábito alimenticio. De vez en cuando damos un poco de pena como raza.



En las fotos no hemos incluido a los coatíes, a pesar de que Dani nos las pidió... Lo cierto es que teníamos muchas y muy chulas... Pero tristemente, hace un par de días, en Buenos Aires, viendo un partido de los Pumas en la tele, un hábil porteño nos birló sin que nos diésemos cuenta la cámara de fotos de Juan... Hemos perdido una buena cámara y un buen montón de fotos de las últimas semanas, no sólo las de los coatíes, sino también (y esto me fastidia un poco más) todas en las que salía yo..., así que Mamá, aunque no veas fotos mías aquí estoy perfectamente, que os conozco.

Como colofón, y para terminar con buen sabor de boca. Gracias a la recomendación de Fabián, hicimos coincidir nuestra estancia en Iguazú con la luna llena, y así, utilizando esa luz natural, poder visitar las cataratas en un romántico paseo nocturno. De noche el sonido y la visión de la Garganta del Diablo son todavía más sobrecogedores...toda una experiencia.

En breve intentaremos ponernos al día con las entradas que nos faltan. Un beso a todos.

PD: Para los interesados, "pinza" y "pinzesa" están sanos y salvos con nosotros, pronto os contaremos más de ellos.

lunes 1 de octubre de 2007

Isla Maldita

A unos 200 Kilometros de Río se encuentra Ilha Grande, algunos la tachaban de isla "maldita" ya que durante su historia moraron allí piratas, leprosos y los criminales más peligrosos dentro de sus cárceles. Con este panorama, digamos que la isla no era muy frecuentada por buenos espíritus...esta maldición finalizó hace nada, en 1994, cuando las autoridades cerraron el último presidio y la isla comenzó a recibir la atenta mirada del turismo por su magnífico entorno natural.

La Isla cuenta con un interior recubierto de Mata Atlántica (vegetación muy parecida a la selva) y una costa con más de 100 playas paradisíacas. Además, no cuenta con tráfico rodado lo que implica que hay que patear a cada una de ellas o pillar algún barco que te pueda acercar...así que finalmente tienes: playas cuasi-desiertas y caminatas fascinantes para llegar a ellas.


Aprovechamos nuestra estancia para hacer un poco de snorkeling en la denominada "Laguna Verde" y la verdad es que nos encantó, nos pasamos todo el día en un barco (manejado por todo un lobo de mar como podréis observar) recorriendo tranquilamente una pequeña parte de la costa de la isla, tomando cervezunis y parando cada dos por tres a darnos un bañito con aletas, gafas y tubo. El agua era tan cristalina que pudimos disfrutar de un sinfín de pececitos de colores, estrellas de mar y, aunque no aparecieron los caballitos de mar, esta vez sí hemos buceado junto a una tortuga...maravilloso!!



Marta fue un poco más allá e hizo su "Bautismo" en el mundo del buceo con botella, se pasó más de 40 minutos bajo el agua obteniendo sus primeras sensaciones... nerviosilla, pero acabó el día encantada y con ganas de hacer el curso "Open Water" para poder enterarse un poco más de la teoría y del funcionamiento de los diferentes aparatos...lo más fantástico de la experiencia es que se sumergían con cámara subacuática...así que tenemos documento gráfico al respecto...viendo la foto quién puede dudar que esa sirena es nuestra Martiña.


Otro de los días lo dedicamos a un trekking hacia la playa de Lopes Mendes, dicen que es una de las playas más bellas de Brasil (aunque en este pais hay donde elegir...la verdad). Fueron unas 2 horas y media de recorrido por medio de una naturaleza exuberante. Vimos macacos, cañas de bambú gigantescas y una multitud de mariposas imponentes (incluida una morpho azul que nos habíamos perdido en la selva peruana)...eso sí, hacía un calor muy potente y nos pegamos una buena sudada. Finalmente llegamos a la citada playa y la verdad es que es muy bonita, quizá lo más impresionante sea la pulcritud y color de sus aguas y la finura de su blanca arena, era tan fina que al caminar sobre ella chirriaba como si fuese harina. La vuelta la hicimos en barquito que ya iba a ser demasiado y se hacía de noche.



Para la nota "culinaria", deciros que nos dimos un festín de bienvenida a la primavera austral...os cuento: en uno de los múltiples paseos por lo ancho y largo de la isla topamos con un resort que tenía un pequeño restaurante metido en una ensenadita preciosa, nos sentamos a tomar una cervecilla y a conversar con el personal.

Resulta que contaban con un servicio de traslado en motora incluido en el precio de la cena, vimos la carta y tampoco era muy diferente a los precios del resto del pueblo...vamos, que insistiendo el uno al otro, nos convencimos de que nos lo merecíamos. Menú: camarones a la plancha con salsa de mango de primero, risotto de mariscos de segundo y una botellita de blanco Argentino...un verdadero manjar, aunque sin duda, lo más espectacular fue el momento "Miami Vice" de la recogida en lancha...jét-sé vamosss.


Repasando nuestro periplo brasileiro y si tuviese que recomendar una escapada de 10 días a alguien el tándem Río-Ilha Grande me parece un caballo ganador. Siguiente parada...Iguazú.